Jueves, 16 Enero 2020 14:11

EL RESTAURADOR DE RELOJES DE ALTURA

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Las agujas de los relojes de la Corte de Cuentas pasaron 14 largos años sin dar la hora. No había nadie que se hiciera cargo de restaurarlas y hacerlas caminar nuevamente. Fue hasta el año 2000 que el ingeniero eléctrico Salvador Reyes Rodríguez, un profesor de electromecánica en un colegio privado, logró ser contactado y tras una revisión minuciosa, se echó la responsabilidad de hacer funcionar los 2 relojes de doble cara, que  tras el destructivo terremoto de 1986 se convirtieron en fieles testigos y en un recordatorio permanente de aquella tragedia que enlutó a los salvadoreños.

A las 11:50 a.m. del 10 de octubre de 1986 un poderoso sismo derrumbó centenares de viejos mesones, pero también, emblemáticos edificios como el del Hotel Gran San Salvador y el Rubén Darío, entre otros. Con el edificio y los empleados de la Corte de Cuentas de la República, el terremoto fue hasta cierto punto indulgente, pues no hubo mayores daños, pero sí paralizó la maquinaria alemana de los viejos relojes Olma que se instalaron para la inauguración del inmueble en 1955. Los dejó como recuerdo casi perenne de su saña con este país.

“Desde esa época ya no funcionó y el sistema de control parece ser que desapareció, por lo tanto, solo quedaron las maquinarias, porque aparentemente son dos relojes pero en realidad son cuatro; cada carátula tiene su respectivo mecanismo”, explicó el experto en ese tipo de relojes.

Agregó que antes de dejar de funcionar, los cronómetros funcionaban con base a los impulsos que emanaban de un reloj de péndulo instalado en el interior del edificio, pero que con el movimiento telúrico se detuvo y en consecuencia, también los enormes relojes externos.

Rehabilitarlos parecía casi imposible, pues se buscaban empresas que pudieran revivirlos, pero nada; todo indicaba que correrían la misma suerte  del Reloj de Flores que fue instalado en la Avenida Independencia en 1971 y que quedó mudo  y abandonado a partir de 1979.

Fue hasta que 14 años después, durante la administración de Rutilio Aguilera (1999-2002) que comenzó la búsqueda incansable, hasta que, según cuenta Julio Palacios, él y Rhina Montoya, ambos colaboradores institucionales, se percataron de que la misma persona que daba mantenimiento al reloj de la Iglesia Don Rúa, podría ser el que devolviera la vida a los relojes de la Corte de Cuentas.

Así se llegó a contactar al ingeniero Reyes, quien desde entonces se convirtió en el relojero de las alturas. “Al revisar el mecanismo nos pudimos dar cuenta que son relojes alemanes y que las máquinas estaban buenas; entonces había que diseñar un sistema de control. Se diseñó un sistema a través de computadoras y un inter fase que es el encargado de enviar los impulsos”, relató el experto.

Desde entonces, y a excepción de 1 año en que le dieron el contrato a otra persona que no logró el funcionamiento adecuado de los medidores del tiempo, el mantenimiento y limpieza de los relojes está a cargo del docente e ingeniero, quien dijo que todo inició como un pasatiempo.

“Yo lo hago por hobby, me gusta y para mí ya no hay necesidad de mandarlos a traer a otro país, porque aquí los hago”, comentó.

 El sistema funciona desde un cuarto ubicado en el primer nivel donde se encuentra instalado el equipo y la computadora desde la cual se programan y echan a andar los ya sexagenarios relojes Olma: Uno de ellos está ubicado en la 1ª. Avenida norte y el otro en la 13 calle Poniente, ambos empotrados a la altura del tercer nivel del edificio de la Corte de Cuentas.

Cada reloj mide 1.20 centímetros de diámetro; sus agujas horarias miden 35 centímetros mientras que las minuteras alcanzan los 50 centímetros de largo. En algún momento, los relojes emitieron sonidos que anunciaban las 8 de la mañana, las 12 del mediodía y las 4 de la tarde, la hora de salida de los empleados de la institución.

Sin embargo, desde el cuarto de control se eliminó el sonido, tras quejas de algunos vecinos, pero más que todo por orden de uno de los titulares de la institución encargada de fiscalizar los fondos estatales.

La experiencia que ha ido adquiriendo el ingeniero Reyes, le han dado la oportunidad de ser el responsable de reparar y dar mantenimiento a otros relojes como el de la Iglesia Don Rúa, el del parqueo de la plaza Morazán y el de la torre de la Iglesia del colegio Santa Cecilia, en Santa Tecla. Es en este centro de estudios, donde también labora e imparte la materia de electromecánica y pone a sus alumnos a hacer prácticas de reparación de ese tipo de relojes.

Reyes Rodríguez considera que con esa enseñanza transmitida a sus alumnos, y en caso él llegue a faltar, se está garantizando a futuro y por muchos años más, que los relojes de la Entidad Fiscalizadora Superior sigan funcionando, sigan caminando y dando cuenta del paso del tiempo a los capitalinos.















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